Las monedas de desafío, con raíces profundamente arraigadas en la cultura militar, tienen una historia que se remonta a la Primera Guerra Mundial. Inicialmente utilizadas para validar la pertenencia a una unidad militar, estas monedas evolucionaron hasta convertirse en símbolos simbólicos de camaradería y experiencias compartidas entre los soldados. La tradición se expandió más allá del ejército, con varias organizaciones que adoptaron monedas de desafío para fomentar un sentido de pertenencia y honor. Los diseños distintivos, a menudo con insignias o emblemas de unidades, sirven como recordatorios tangibles de desafíos y logros compartidos. Como una tradición llena de historia, las monedas de desafío se han convertido en artefactos preciados que trascienden su propósito original, uniendo a las personas a través de un vínculo tangible con el pasado.